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Cherubael fue una vez un Príncipe Demonio, adorado como un dios en el salvaje mundo de Clanar II. Cuando el Inquisidor Quixos liberó a los clanaritas de la dominación de Cherubael, logró esclavizar a la criatura en el cuerpo de uno de los guerreros. Cherubael sirvió a Quixos durante décadas hasta que finalmente fue expulsado a la Disformidad por la intervención de otros, más puritanos, inquisidores. Sin embargo, nunca ha sido del todo libre, y una vez más fue arrastrado a un cuerpo mortal, sirviendo al Inquisidor Eisenhorn.

Un demonio obligado a servir al hombre

Los demonios son criaturas del Inmaterium y las leyes naturales del espacio real previenen que estas bestias se manifiesten ellas mismas en el plano material sin un esfuerzo excepcional. Las barreras entre el espacio disforme y el espacio real primero tienen que ser debilitadas por un ritual y un sacrificio, y las palabras correctas de poder tienen que ser dichas por aquellos que quieran invocar esas cosas. Un camino más fácil para los demonios para forzar su paso al espacio real es la posesión, por medio del cual el demonio usa la mente desprotegida de un psíquico vulnerable para forzar un puente entre él y el universo material.

La Sagrada Inquisición del Emperador conoce desde hace mucho los estragos del Príncipe Demonio Cherubael. El nombre de la bestia manchan las malditas páginas del Liber Malum, ese infesto volumen que guarda el destino de aquellos que han seguido el camino de la condenación. Mantenido encadenado dentro de la más profunda mazmorra del Archivo Sanctus de Terra, incluso la mención de su nombre es una invitación a la locura. Concienzudos servidores-copistas graban los horrores de lo demoníaco, para ayudar de la mejor forma a aquellos que están contra ellos. La mazmorra-archivo gime y se retuerce con los horrores de su contenido y volúmenes enteros con sus muros incrustados de runas están consagrados a lo malvado que es el Príncipe Demonio Cherubael

Se le conoce como La Muerte de los Mundos por los compasivos supervivientes del sistema Fenestra, que el demonio esclavizó durante milenios, y como el Azote por la gente de Kitarax Nebula. Cherubael a, en una variedad de formas, matado en su camino a través de la galaxia durante miles, sino millones, de años legando incontables sufrimientos y gritos de lamentos en su estela. Extinguió la civilización de Ronja en una noche y mantuvo el sector Gethme ardiendo durante 100 años. Disfrazado como un líder profético, Cherubael incitó a la población de Medredax a realizar un ritual de sacrificio, alimentándose del grito de muerte psíquico del mundo como una golosina. Sus desolaciones son legión, raras son las criaturas tan ruines y viles sueltas en la galaxia.

El Príncipe Demonio encontró finalmente un adversario digno de su atención en el mundo de Clanar II, donde había esclavizado a la población de ese mundo para realizar un innombrable sacrificio de sangre en su nombre. Generaciones enteras fueron alimento del Príncipe Demonio antes que el Inquisidor Quixos liberara a los clanaritas de la diabólica esclavitud del demonio. Liderando una pequeña banda de guerreros, Quixos luchó contra el cuerpo receptos del Príncipe Demonio, asestándole un golpe mortal con su espada-demonio, la cual contenía la esencia de Kharnagar el Mortal, un Príncipe Demonio que Quixos había derrotado algunas décadas antes. Con su cuerpo receptor muerto, la forma espiritual de Cherubael saltó dentro del cuerpo receptor más cercano disponible, uno de los más poderosos guerreros de Clanar II, para no ser expulsado de vuelta al helado vacío del Inmaterium. Pero Quixos se anticipó a esto y previamente había adornado los cuerpos de sus guerreros con ocultos pentagramas protectores y poderosos símbolos de atadura.

La furia del demonio al ser aprisionado casi destroza el cuerpo del guerrero con espasmos de poder retorciendo su carne, secando sus ojos y ajustando la forma del demonio a su nueva prisión de carne. Rudimentarios cuernos explotaron en su frente y una luz blanca ardía sonde habían estado sus ojos. Vientos de poder primario fustigaban el cuerpo, zarandeándolo en el aire como un viento fantasmal que daba vueltas y retorcía el cuerpo del guerrero en su abrazo.

Los esfuerzos de Cherubael fueron en vano; El conocimiento de Quixos de las abominaciones del caos era profundo y el Príncipe Demonio no podía escapar. Quixos encadenó a la criatura y amartilló puntos bendecidos de oro a través de la carne del cuerpo del receptor demoníaco, entonando los seiscientos y sesenta seis versos del Cántico de la Atadura. Él, entonces, sujetó los pergaminos, inscritos con juramentos execrables en su propia sangre, a Cherubael con cadenas de plata finas. Finalmente, después de esta agotadora batalla de voluntades, el Inquisidor había doblegado al Príncipe Demonio a su mandato.

De este modo fue como el Príncipe Demonio Cherubael terminó al servicio del Inquisidor Quixos y su baño de sangre milenario llegó a su fin. Quixos no era ningún Inquisidor ordinario. Muchos años antes de encontrar a Cherubael, cuando desterró a un Demonio del mundo de Lackan XV, los fragmentos de las garras bestiales de su enemigo se alojaron en su corazón, cada tentativa de quitarlas concluyó en un fallo. La herencia del demonio vencido estaría con Quixos hasta que muriera. Aunque su influencia corrompió gradualmente el cuerpo del Inquisidor, le concedió una conexión con la Disformidad y una cierta intuición con los poderes del Caos. Resolvió investigar más lejos las aplicaciones potenciales del Caos, ganándose una reputación como rebelde entre sus compañeros inquisidores.

Ahora, con el Príncipe Demonio Cherubael a su servicio, sus poderes crecía diariamente mientras que su cuerpo degeneraba y su mente cayó en la locura. Durante cientos de años, Quixos y Cherubael destruyeron muchas amenazas mortales al Imperio, la conexión con la disformidad y los poderes psíquicos del portador demoníaco fueron valiosísimos para el Inquisidor. En las décadas que siguieron, Quixos fue forzado a realizar ritos blasfemos para transferir la esencia del Príncipe Demoníaco a anfitriones frescos ya que su esencia caótica destruía cada cuerpo. Incluso el impresionante poder de un Príncipe Demonio no podía parar la degradación del cuerpo del anfitrión indefinidamente. La carne de cada víctima se corrompía y era incapaz de contener a la bestia, forzando a otra víctima forzada a ser anfitrión del monstruo. Con cada nueva encarnación del Príncipe Demonio otro pedazo de humanidad de Quixos se perdía. Cuanto mas profundizaba en los misterios del Caos, y mientras su conocimiento y energías crecían, también lo hacía la corrupción de su cuerpo y alma.

Están aquellos que susurran que las defensas que Quixos había puesto sobre el cuerpo encarcelado de Cherubael fallaron terriblemente desde el principio, y era la corrupción insidiosa del Príncipe Demonio que se filtraba invisiblemente de su forma aprisionada lo que condujo Quixos al borde de la cordura. Es probable que nadie lo sepa seguro, ya que Quixos fue declarado Herético y Extremis Diabolus en 342.M41 por el Inquisidor Eisenhorn. Tres años más adelante, Quixos fue muerto, ejecutado por Eisenhorn, y la forma demoníaca de Cherubael pasó al servicio de su ejecutor. Las circunstancias que rodean están cubiertas de misterio y Eisenhorn nunca ha hablado de lo qué ocurrió entre él y Quixos.

El Príncipe Demonio ha luchado desde entonces junto al Inquisidor durante muchos años y, entre los opositores de Eisenhorn dentro de la Inquisición, se sospecha sus lazos con los Receptores Demoníacos han sido la causa para el aumento de sus energías psíquicas en las décadas recientes. Si esto es verdad o no se desconoce, aunque hay muchos que creen que Eisenhorn se está convirtiendo en un peligro mas grande para la estabilidad del Imperio que el que era el renegado Quixos.

Solo el tiempo lo dirá


Traducido (libremente): Inquisidor T.
Fuente: gw.es http://www.games-workshop.es/especialista/inquisitor/bestiario/cherubael.html