Relato "Un nuevo comienzo"

9 años 8 meses antes #54903 por Svalin
Buenas a todos, llevo un tiempo embarcado en un proyecto narrativo y quisiera ir posteando algunos fragmentos para conocer el máximo de opiniones posibles, sin embargo, y puesto que está ambientado en un mundo fantástico de propia creación y no en warhammer, me preguntaba si sería posible publicarlos aquí.

Envio editado por: Svalin, el: 2011/02/02 22:25

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9 años 8 meses antes #54904 por Neithan
Claro que si, otra cosa es que lo leamos. :P

En el mundo hay tres tipos de personas:las que saben contar y las que no.
Fdo:H.J.S.
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9 años 8 meses antes #54907 por Svalin
Alguno caerá :P

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9 años 8 meses antes #54910 por Svalin
Amanecía, el sol se alzaba sobre el horizonte iluminando con sus anaranjados rayos los últimos retazos de las nubes que hacía no mucho habían formado una brutal tormenta. Bajo tan bella iluminación caían las últimas gotas de lluvia y se calmaban las olas, que habían pasado de zarandear el barco como un niño zarandea a sus juguetes a mecerlo con suavidad, como acariciando su vieja quilla.

El capitán de la galera suspiró aliviado mientras sus hombres se apoyaban, derrengados, sobre los remos, dejando que el ahora tranquilo viento guiase la embarcación al puerto, ya visible, una promesa de salvación que se alzaba en el horizonte.

El viejo marino que gobernaba la nave suspiró, aunque el fin de la tormenta era recibido con alivio, también implicaba llevar a cabo una tarea que nada le agradaba y que estuvo tentado de delegar en su segundo, sin embargo pronto desechó la idea. Aunque todos compartían el sentimiento, sin duda entre las paredes de una taberna, rodeados por una buena audiencia, sus compañeros no tardarían en volverse mas valientes y en contar a viva voz como el viejo lobo de mar se asustaba de una mujer con su hijo, malditos fueran, y malditas fueran aquellas dos mujeres y el momento en el que aceptó su plata.

Suspirando de nuevo se caló su viejo gorro y bajó a la cubierta inferior del castillo de popa, donde el y los pocos viajeros que podían permitirse el pasaje dormían. Compensando con acostumbrados pasos el bamboleo de la cubierta, el hombre llegó ante la puerta del camarote y llamó nerviosamente. Pasaron unos minutos hasta que recibió respuesta y la puerta se abrió gracias a una muchacha, que no llegaría a los quince años.

Por lo que el capitán había oído a su acompañante, se llamaba Nadiya… y era preciosa, el preludio de una abrasadora belleza, tenía una larga cabellera rizada, que le caía anárquicamente hasta la mitad de la espalda, como un mar de ígneas ondulaciones que se enrollaban entre ellas formando nudos o remolinos que debían convertir el peinar aquel cabello en una tarea titánica, el color del cabello contrastaba con la palidez de su piel, por todas partes salpicada de anaranjadas pecas, tenía un rostro de pómulos marcados, nariz recta y fina, aunque con el tabique ligeramente desviado hacia la izquierda, lo suficiente para que fuera mas un rango distintivo que una tara a su belleza, sus labios eran finos y rosados, y siempre tenían las comisuras ligeramente inclinadas hacia arriba lo que hacía parecer que siempre lucía una sonrisa escéptica, su cuerpo estaba oculto por una simple túnica negra de aspecto practico, sin adorno alguno, bajo la cual se anunciaban esas formas angulosas que tienen las muchachas antes de florecer en suave redondez.

Si, era bella, y probablemente el capitán le hubiese lanzado otro tipo de miradas de no ser por aquellos ojos que se las devolvían, ojos profundos, como oscuras esmeraldas que parecían atravesarte en lugar de mirarte, ojos de serpiente como los llamaba el capitán, clavaditos a los de su maldita madre.

La niña no dijo nada, se dedicó a quedarse allí, con la puerta entreabierta, mirando al hombre.

-He…hemos av…avista…-

La elocuencia nunca había sido el fuerte de aquel viejo lobo de mar, lo cual, combinado con aquella maldita mirada que le ponía de los nervios hacía que su meditada frase se viese reducida a un mero balbuceo, sin embargo para la chica pareció ser suficiente pues le cerró la puerta en las narices.

Mientras el capitán se iba musitando palabras no muy agradables, en el interior de la habitación la chica caminó hacia el lecho, apoyándose en los muebles pues no había terminado de acostumbrarse al eterno bamboleo, cuando llegó frente a el observó con cierta envidia impropia de su edad las marcadas curvas que el cuerpo de su madre trazaba bajo las sábanas. Era muy inteligente para su corta edad, había visto el poder que aquellas sutiles líneas le daban sobre los hombres, y era un poder que ansiaba.

-Tierra, madre- fue todo lo que dijo, zarandeándola suavemente.

-Al fin- fue la única respuesta que recibió mientras su madre se retorcía entre las mantas –odio el mar-

-Ya somos dos- dijo la pequeña pelirroja mientras observaba a su progenitora, llamada Marjane, levantarse del lecho al que los mareos la habían confinado, ambas contrastaban muchos, el cabello de su madre era de color negro azabache, liso y mucho mas largo, llegándole hasta mas allá de las caderas, su rostro estaba protagonizado por la nariz recta que su hija había heredado, pero los marcados rasgos y los altos pómulos eran cosas de su padre, pues su rostro era redondeado y armonioso, una armonía tan solo rota por una cicatriz que nacía en su frente y recorría de forma oblicua, trazando una fina depresión que se interrumpía en el ceño y volvía a nacer en el pómulo hasta finalizar en el extremo del labio, cuya carnoso atractivo interrumpía abruptamente.

Su cuerpo tenía una agradable voluptuosidad, contenida por los duros entrenamientos guerreros a los que se sometía aunque no por ello menos atractiva, su piel era mas morena que la de su hija, de un agradable tono café tan solo interrumpido por el verde oscuro de los intrincados tatuajes tribales que lucía desde los muslos hasta la espalda.

Nadiya miró distraídamente las retorcidas líneas de los tatuajes tratando de discernir su significado mientras su madre cubría su desnudez con una corta túnica blanca.

-No te quedes ahí pasmada y ayúdame con la malla- dijo la mujer morena, mirando a su prole de reojo con unos ojos verde oscuros que no dejaban lugar a dudas sobre la sangre que las unía.

Asintiendo, la pelirroja se levantó y abrió el arcón en el que guardaban sus pertenencias. Durante unos segundos observó con inocente envidia las posesiones de su madre, la cota de malla y la curva espada, conocía el poder que encerraba la carne, pero no ignoraba el que encerraba el acero, y ella codiciaba ambos.

Los brazos de su madre la sacaron repentinamente de sus ensoñaciones cuando la ayudó a sacar la pesada malla, con la que la chica sola no podía. Sentándose sobre el lecho, Marjane hizo el esfuerzo para levantar la cota mientras su hija se aseguraba de guiar el peso de esta de manera adecuada hasta que, con un tintineo metálico, la armadura se deslizó, cubriendo con su gris apagado el atractivo moreno de la piel que había debajo.

Con el trabajo duro ya hecho, la madre se levantó, se colocó el tabardo negro sobre la malla y ajustó los cintos con las bolsas y el pesado sable mientras Nadiya, subida a la cama, le colocaba la cofia y la ancha capa, muy similar a aquella con la que cubrió su pelirrojo cabello mientras su madre se ataba las botas, de aspecto practico y maltratado.

Cuando ambas estuvieron listas se dirigieron a la cubierta superior con todas sus diferencias enmascaradas por las igualitarias sombras que propiciaban sus amplios ropajes.

Tras semanas encerradas en aquel diminuto camarote con la humedad, los mareos y el frío como invitados constantes y las repentinas vomitonas como ocasionales y desagradables visitantes, el salir a la cubierta y ver su rostro golpeados por la cortante brisa fue como un bálsamo que las hizo suspirar aliviadas mientras caminaban por la estrecha plancha que dividía las dos hileras de remeros hasta llegar a la proa, donde se apoyaron y contemplaron el puerto de Alderkräg

Dos grandes torres de piedra oscura, en cuyas cimas por la noche brillaban las hogueras que guiaban a las naves, marcaban el final del espigón y la única entrada al puerto, estaban decoradas con grandes banderas, muy maltratadas por el clima y el tiempo pero en las que aún eran visibles el caballo blanco cabalgando sobre una ola del mismo color, el símbolo del monarca y por lo tanto, del reino.

Madre e hija las observaron mientras el barco pasaba entre ellas, como encogiéndose ante las engrasadas catapultas que servían de primera defensa contra navíos hostiles. Ciertamente aquellas torres y los muros del espigón transmitían aquella pétrea severidad que, según les habían contado, inundaba aquella tierra.

En el puerto había numerosas embarcaciones, desde galeras de guerra hasta los gargantuescos barcos-ciudad del misterioso imperio trasgo del sur pasando por las ágiles embarcaciones élficas de velas triangulares.

Sin embargo lo que llamaba la atención de aquel puerto no eran las naves que en el se refugiaban sino la monumental estructura que le servía de entrada y cuya silueta podía verse desde cualquier punto de la gran ciudad. Ambas mujeres contemplaron el antaño orgulloso templo, contemplaron como la mayor parte de sus anchas columnas se hallaban esparcidas por el suelo y aun así parecía que fuesen a rasgar el cielo, contemplaron los trozos de las antiguas estatuas cuyo tamaño era tal que aun desde donde ellas se encontraban podían vislumbrar las expresiones grabadas en la fría piedra, expresiones que el paso del tiempo y el olvido habían tornado frías y tristes, como si mirasen a las bulliciosas gentes del puerto reclamando un lugar en su memoria, un lugar que hacia tiempo que habían perdido.

Y sin embargo ahí estaban, cientos de años después de ser erigidas su destrozada gloria seguía siendo tan imponentes a la vista que ambas mujeres se quedaron observando la mayor de las estatuas, arrobadas, mientras el barco atracaba al fin en puerto.

La estatua era de una oscura y grisácea piedra, como el resto de las murallas, torres, casas y templos de la ciudad aunque a diferencia de estos su severa oscuridad se hallaba interrumpida por brillantes relámpagos de luz producto del reflejo de los rayos del sol sobre las placas de oro o marfil que los saqueadores no se habían atrevido a quitar. Dichos destellos aumentaban con la altura de la colosal estatua, cuya silueta empequeñecía al propio castillo de Alderkrag, como si una maraña de insectos hubiese roído la parte inferior, privándola de su esplendor y dejando al descubierto la simple roca viva, y en cierto modo había sido así, pensó Marjane mientras comenzaban a instalar la pasarela que permitiría a viajeros y mercancía bajar al muelle, una maraña de insectos humanos había roído arrebatado el esplendor a aquel dios caído.

-¿Podemos ir a verla más de cerca?- preguntó Nadiya mientras caminaba junto a su madre, ya en el muelle.
-Tenemos que hacerlo si queremos salir del puerto, no temas- dijo antes de envolver la pálida mano de su hija con su guantelete de malla, movimiento que provocó una hosca mirada por parte de la pequeña.
-Ya no soy una niña para que ande cogida de tu mano-
-Pero tampoco eres una mujer y este puerto es un lugar muy grande, así que no discutas-

La pelirroja refunfuñó por lo bajo, sin poder refutar aquellos argumentos, ella aun no era una mujer … y aquel puerto era muy grande.

Con la curiosidad de aquel que descubre un nuevo mundo, la chica se deleitó contemplando aquella tierra y aquellas gentes, tan distintas de las de su hogar. Las nubes no habían tardado en volver a agruparse tras la tregua del amanecer, formando una espesa capa gris que cubría el cielo y a la que los habitantes de Alderkrag no dieron mayor importancia, debían estar acostumbrados, pensó la niña mientras observaba la mezcolanza cultural que era aquel puerto.

La mayoría de sus habitantes nativos eran gente alta, curtidas por el mar y el duro clima y entre ellos resultaba difícil ver los cabellos y las pieles oscuras como los de su madre, su apariencia, severa y amenazante como las murallas de su ciudad contrastaba con las ebrias risas de los marineros elfos que infestaban los cercanos burdeles o la fascinación de los humanos de otras tierras que se maravillaban ante las imponentes obras arquitectónicas, en una ocasión la chica incluso distinguió la llamativa piel amarilla y las extrañas vestiduras de un trasgo aunque pronto se perdió tras la maraña de tenderetes y puestos que se agolpaban al pie de las amplia escalinatas que conducían al templo.

Guiada por su madre entre la multitud, Nadiya observó con interés los extraños pescados azules que nunca había visto y cuyo olor inundaba toda aquella zona junto con el de la sal que los conservaba, también vendían gruesos trozos de carne de aspecto sabroso cocinados sobre brasas, varios tipos de verduras, grano, leguminosas… a la chica le llamó la atención la falta de frutas, a las que se había acostumbrado en su cálida tierra pero que allí no crecían. A parte de la comida había otras mercancías mas interesantes, como las herrerías cuyas forjas hacía que uno sudase al pasar junto a ella a pesar del frío. La chica se sintió decepcionada al ver que en su mayor parte se dedicaban a hacer anzuelos, arpones y otras cosas practicas en lugar de armas y armaduras.

Pronto dejaron atrás el océano de puestos y comenzaron la trabajosa ascensión por la escalinata que llevaba al templo, Nadiya perdió la cuenta en los quinientos escalones pero se hallaba cerca del final cuando le sucedió así que no deberían de ser muchos mas.

La mayoría de la gente se agolpaba allí donde la escalinata había sido derruida para hacer una rampa que hiciera mas cómoda la ascensión y permitiera el tráfico de carros y caballos pero ellas habían subido por un apartado rincón poco concurrido que las condujo al término de la ascensión al espacio entre dos enormes columnas casi intactas.

Mientras caminaban, Nadiya se debatió entre alzar el rostro y tratar de vislumbrar el capitel de la columna o mirar mas abajo, a los profusos pliegues de la decapitada estatua de cinco metros que se alzaba entre ambas columnas y que representaba a una joven muchacha corriendo, como si huyese de algo.

Cuando la sobrepasaron Nadiya entendió de que huía la estatua, tras ella se hallaba una fosa que los habitantes de Alderkrag habían levantado retirando las pesadas y gruesas losas de piedra del suelo del templo, el antiguo suelo sagrado se hallaba ahora ocupado por un acaudalo mercader que exhibía su mercancía, unas treinta elfas desnudas que llevaban collares de hierro que las identificaban como esclavas, a los ávidos clientes que se agolpaban en el borde de la fosa, gritando sus precios por tal o cual mujer, cuando el precio le parecía suficientemente alto al mercader, se llevaban a la mujer a un extremo de la fosa donde calentaban un hierro con las iniciales de su comprador y la marcaban.

Como si se hubiera imaginado a su hija en aquella fosa, Marjane dio un fuerte tirón de la mano de su hija y la apartó de aquel funesto lugar.

Las gruesas columnas parecían servir de puntos de referencia alrededor de los cuales se agolpaban mas y mas puestos, el trazado regular del muelle se convertía allí en un caos de concurridas callejas en las que mas de una vez había que abrirse paso a empujones, y en ningún lugar era eso mas cierto que a los pies de la estatua que ambas habían contemplado desde el puerto.

Estando a sus pies era aún mas impresionante, contemplarla era como contemplar una montaña ante la cual cualquiera se sentía empequeñecido. Nadiya deslizó la vista entre los profundos pliegues del ropaje del dios hasta que estos se interrumpieron abruptamente cerca de los hombros, donde la estatua se había roto dejando caer su enorme cabeza a un lado. La pequeña se puso de puntillas buscando el rostro de la estatua pero siendo tan pequeña la gente, la columnas y el pedestal de la propia estatua le imposibilitaron verla.

El pedestal era un enorme cuadrado de piedra de decenas de metros de alto y antaño estaría decorado con profundos altorrelieves, ahora sin embargo lo poco que quedaba estaba mancillado por la suciedad o las numerosas pintadas de aquellos que querían dejar constancia de su presencia allí o de lo desarrollado de sus atributos sexuales, por si esto no fuera poco habían tallado otra escalinata en el pedestal que llevaba hasta los pies del dios, en donde pudieron ver mas puestos y a numerosos niños jugando entre los grandes dedos.

Pronto el masivo tráfico de gente y carruajes les obligó a detener la contemplación de la estatua y a seguir su camino, que bordeaba el pedestal en dirección al otro extremo del templo.

Cuando se encontraron a un lado de la enorme estatua, bajo su sombra, Nadiya pudo ver el rostro del diós. La enorme cabeza se había desprendido por motivos hacia tiempo ya olvidados y ahora, semienterrada en el suelo, miraba de perfil con sus enormes y petreos ojos a aquellas gentes que no le devolvían la mirada.
Por supuesto también le habían arrancado todo el oro y el marfil pero aun así parecía haberse conservado cierto respeto hacia la efigie del dios caído, los niños no jugaban sobre sus severos rasgos y a sus pies había otra fosa, donde dos hombres ataviados con cotas de malla y anchas espadas se golpeaban mutuamente bajo la vista de personas ataviadas como nobles y algunos curiosos.

-¿Por qué luchan?- preguntó Nadiya a su madre.
-Por la razón, es un juicio por combate-

La pelirroja asintió pensativa mientras dejaban atrás la fosa y tras un rato de caminar llegaban a la escalinata del otro lado del templo, a sus pies se extendía Alderkrag.

La ciudad era grande, no tan grande como Tell Lagash por supuesto, pero no le andaba a la zaga, desde su privilegiada posición ambas mujeres pudieron ver el mar de casas de piedra con tejados de pizarra interrumpido de vez en cuando por el espacio abierto de alguna plaza o algún antiguo santuario que ahora servía como vivienda para alguna casa noble, tras las casas podían intuirse las gruesas murallas y por supuesto el castillo, situado sobre un promontorio en el extremo de la ciudad, hubiera sido impresionante de no tener que competir con el templo.

-¿Dónde es?- preguntó Nadiya alzando su rostro hacia su madre.

-Por aquí- respondió esta con decisión antes de que ambas se internaran en el mar de callejas

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9 años 8 meses antes #54930 por Hidden
Mezclas descripción y acción. Piensa que escribir un relato no es describir lo que mola, sino que es como las mujeres bellas. Son mucho más interesantes si insinúan algo que si te lo enseñan todo. :laugh:

Tampoco diferencias bien las 'voces' de la historia. Si me estás contando algo desde el punto de vista de los marineros, luego no me vengas a renglón seguido contando en voz de narrador neutral cómo la cría viste a su madre.

Para acabar, tampoco está bien hecha la separación de 'puntos' o 'escenas'. Ya sé que esto es un post sin formato, pero no puedes llevar la atención de un lector desde el camarote del barco a la ciudad-templo así por las buenas. Y mucho menos si de repente ¡pop!, ambas están de paseo por la ciduad.


Un truco. En Internet ocurre que hay muchos textos y contenidos, y la gente los descarta muy deprisa si no atraen su atención. Es un caso muy extremo de loq eu pasa con los libros. Si un libro no te atrapa en sus primeras 20 páginas, lo dejas... ¡pero lo has comprado y te tomas la molestia de intentarlo! En Internet no. Si no te atrapan los primeros dos párrafos, lo descartas.

Reescribe el principio del texto de tal forma que las primeras líneas me interesen. Descoloca al lector, dado que la curiosidad y la novedad es tu aliada. Ejemplo chorra:

"Con una fuerza que ni los Dioses podrían igualar, el primer rayo de sol hendió las negras nubes y se clavó en las turbulentas aguas, haciendo brillar su profundo color esmeralda. Sin embargo y pese a su fuerza remanente, apenas eran un pequeño recuerdo del caos elemental que había zarandeado el pequeño barco en las pasadas noches. "

¿Ves? Algo escrito tal que así mosquea mucho más, básicamente porque el lector se lo puede imaginar pero aún no sabe qué pasa.

En fin. Ánimo y suerte!

Envio editado por: Hidden, el: 2011/02/03 15:11

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