LA LIBERACIÓN DE BONAVENTURE

11 años 11 meses antes #21054 por Sidex
estava leyendo estas ultimas partes ahora mismo en OJ, muy buenas

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11 años 11 meses antes #21060 por Grimne
Está estupendo Konrad. Mi favorito:

"¡El Pacto Sangriento, no te jode!" :laugh:

[img:3ppbkf6b]http://img33.imageshack.us/img33/6517/firma2joy.jpg[/img:3ppbkf6b]

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11 años 11 meses antes #21062 por Ridli_Scott
Si la verdad que eso del pacto es un punto.

La verdad que esta muy bien hecho, si sustituyes los rifles laser por M1 casi pasaria por el relato de una batalla de la 2ª Guerra mundial

[url=http&#58;//ridliscott&#46;wordpress&#46;com/:rl5ziuli]Cañon de Plasma Lineal[/url:rl5ziuli]

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11 años 10 meses antes #23106 por Konrad
[i:35irsiul]Día 2. 6:00h.[/i:35irsiul]

Otro nuevo día llegaba. La noche retiraba su oscuro manto sobre la ciudad, y los pálidos rayos de un frío sol invernal iluminaban la ciudad. Ésta se rebelaba al nuevo día en una paleta de grises y azules, oscurecidos por columnas de humo que se alzaban al cielo. Las llamas oscilantes de los incendios nocturnos se habían apagado; pequeñas ascuas rojas entre cenizas era lo poco que quedaba de solemnes edificios que habían sido pasto de los lanzallamas y bombas incendiarias.

Como la noche anterior, la Plaza del Triunfo permanecía en silencio. Antaño núcleo del distrito comercial y viva imagen de la opulencia de las clases mercantiles de Helice, ahora era un mudo testigo de lo atroz de la guerra. El pavimento había saltado, y los cráteres cubrían el suelo. Algunos de éstos, habían llegado a hundir el suelo de la plaza, comunicando con las alcantarillas.

Los árboles de los jardines ornamentales, despojados de sus hojas por la llegada del invierno, ahora se reducían a tocones de medio metro de altura, con sus nobles y augustos troncos reducidos a astillas por los tiroteos de la noche anterior. El suelo de los parques había sido excavado, y se encontraba cruzado por zanjas de metro y medio de profundidad.

Por entre aquellas zanjas, alguna figura furtiva se movía. Dos de esas figuras salieron de un oscuro pozo, corriendo agazapados entre los tocones y los setos sin hojas, hasta saltar al interior de una zanja. Ni un disparo había salido de las ventanas de los edificios que conformaban la línea enemiga.
Con sus rifles a la espalda, corrían agachando su cabeza, oculta a los ojos de francotiradores. Uno de ellos cargaba en sus manos dos pesadas cajas metálicas.

Llegaron a un cráter donde esperaba otro individuo. Se pararon, se sentaron junto a él, escondiéndose tras una derruida estatua de algún santo imperial de nombre olvidado.

El teniente coronel Shenko, comandante del 23º batallón de pioneros de asalto urdeshitas, adscrito a la 7º división mecanizada, se dirigió a los dos recién llegados. Como él mismo, y el resto del millar de hombres bajo su mando, ambos iban equipados con una voluminosa armadura de caparazón y el uniforme negro con franjas blancas propio de los orgullosos soldados de asalto de Urdesh.

-Teniente Hindermann, informe.

El individuo de mayor edad, con las insignias de teniente en el cuello, informó a su superior.

-Las cargas ya están dispuestas. Los grupos de Forolle, Evansen y Kurtz las han situado en puntos estratégicos. Nosotros acabamos de poner los detonadores. –Con dificultad, debido a lo voluminoso de su armadura, puso su mano en el bolsillo del pecho y saco un papel sucio y arrugado que desplegó.- Éste es el edificio de las oficinas centrales de Piensos Agrícolas Helicanos, donde esos cabrones de los herejes se han hecho fuertes. –Haciendo un gesto a su compañero, éste le tendió un lápiz de mina gruesa.- Hemos colocado cargas aquí, aquí y aquí, bajo la arcada principal. Cincuenta kilos de explosivo plástico en cada sitio, que bastarían para derribar sus nidos de ametralladora bajo capas de cascotes.

-Bien, perfecto. Vaya a avisar a los pelotones de Murdok y Hanssenn que se preparen: sus hombres con lanzallamas al frente, despejando el edificio. Avance en tenaza tan pronto como hagan explosión las cargas. El quinto regimiento de la división nos proporciona fuego de cobertura. Barrerán la plaza sobre nuestras cabezas desde allí –Señaló con la mano un punto tras ellos.- y allí. ¿De acuerdo?

-Sí, señor.

-Vaya pues.

De un salto, el teniente salió del cráter. Shenko se dirigió al soldado que quedaba en el cráter junto a él. Vio las insignias de sargento especialista de su cuello y su cara cubierta por las violáceas cicatrices de antiguas quemaduras. Lo reconoció: Furon, el experto en demoliciones.

-Sargento Furon, explosión en cuanto dé la señal.

El hombre levantó la vista de lo que tenía entre manos. Las dos pesadas cajas que cargaba no se trataba de otra cosa que de los emisores de señal. Había conectado los cables correspondientes, y una señal intermitente roja indicaba que los detonadores estaban activados. Su dedo pulgar esperaba sobre un botón verde la señal de su superior.

-Todo bien… ¡Ahora!

Un ruido ensordecedor, tres hongos de humo gris y polvo. Los muros se derrumbaron, las fachadas cayeron sobre la plaza, sepultando bajo ellos las posiciones de tiro enemigas. Pronto el traqueteo de los bolters pesados resonó por la plaza: ráfagas de proyectiles explosivos se clavaron en el humo.

Un millar de urdeshitas saltaron de sus refugios. Al frente, unos cincuenta hombres divididos en dos grupos abrían la formación, separados del resto. A treinta metros de la entrada al edificio, diez brillantes lenguas de fuego bañaron las paredes, chamuscándolas. El fuego entró por los orificios de la pared, y pronto sobre el rugir del lanzallamas empezaron a oírse agudos gritos de agonía.

Varias figuras envueltas en llamas salieron por ventanas y puertas, para ser acribilladas por los rifles infernales de los asaltantes. Pronto, por esas mismas ventanas y puertas, entraron los urdeshitas.

Los defensores del interior, confusos, apenas pudieron reaccionar. En el vestíbulo principal, frente a una gran escalinata que daba a los demás pisos, una cincuentena de herejes heridos fue acribillada. Los urdeshitas entraban a saco. Los lanzallamas y las granadas limpiaban las habitaciones. Los heridos eran pasados a bayoneta. En la parte delantera de los primeros pisos, la más afectada por el asalto, apenas encontraron resistencia: sólo cadáveres chamuscados y heridos por quemaduras.

A medida que se adentraban en el edificio, la resistencia fue ganando consistencia. En los salones de reuniones, las mesas de maderas nobles y las macetas con exóticas plantas se convirtieron en improvisados parapetos. El fuego de las armas ligeras llenó el aire de astillas y savia vegetal. Cuando en un salón la resistencia era demasiado encarnizada, se hacía uso del lanzallamas.

Durante una hora, el batallón luchó sala por sala, pasillo por pasillo, por el control del edificio. Tapices y alfombras de lujo fueron pasto de las llamas. Jarrones y esculturas de fina porcelana quedaron rotos en añicos por los tiroteos. Los pasillos y salones pronto quedaron cubiertos por cadáveres.

Shenko se encontró con sus oficiales en el vestíbulo principal. Todos ellos despedían el hedor agrio mezcla de sudor y sangre, con sus uniformes sucios de hollín, polvo de cemento y en algunos casos, sangre. Jadeaban por el esfuerzo y la adrenalina de la última hora.

-Bien, informe.

El capitán Forolle, un toro de dos metros de altura al mando de la primera compañía, hizo un breve relato.

-Hemos tomado la totalidad del edificio. La resistencia ha sido dispersa: en la mayoría de sitios de escasa importancia, pero en algunos lugares la situación se ha resuelto con uso de lanzallamas.

-¿Enemigos?

- Entre un millar y unos mil quinientos. Aproximadamente unas setecientas u ochocientas bajas por parte del enemigo. Tenemos unos doscientos cincuenta prisioneros, la mayoría heridos. El resto se han retirado a otros edificios.

-Bastantes prisioneros, ¿no?

Carazedav, capitán de le quinta compañía, respondió.

-Todos ellos pertenecientes a las milicias locales; algunos han luchado fanáticamente, pero la mayoría apenas nos han supuesto un problema. No hay ni rastro del Pacto Sangriento en todo el edificio.

-Ha habido suerte. En otros sitios esos cabrones están fuertes. ¿Cuántas bajas?

-Por lo pronto, -Intervino Forolle.- ochenta y siete muertos y doscientos heridos de diversa índole. Más que aceptables.

-Sí, más que aceptables. –Sentenció Shenko.- Bien, esto es todo por ahora. El quinto regimiento está en camino para reforzar la posición.

-¿Qué hacemos con los prisioneros, señor?- Preguntó Carazedav.

-Un pelotón de sus hombres que se lo lleve a nuestras líneas. Allí, que se encargue de ellos el Comisariado. Nosotros nos lavamos las manos.

[img:rl5ziuli]http://i674.photobucket.com/albums/vv106/feofitotu/shooter-1.jpg[/img:rl5ziuli]

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11 años 10 meses antes #23292 por Grimne
Buf, qué ganas de que salga el nuevo Codex Guardia. :laugh:

[img:3ppbkf6b]http://img33.imageshack.us/img33/6517/firma2joy.jpg[/img:3ppbkf6b]

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11 años 10 meses antes #23300 por Ragnar
Muy buena, para mí, la mejor parte por ahora...

Me ha gustado especialmente la narración de los combates, me parecía estar leyendo uno de los primeros libros de los fantasmas de Gaunt.

Como pequeña crítica, me parece un poco exagerada la proporción de bajas de 800 a 87, considerando que el edificio debe ser supertocho para que lo ocupen 1500 y que estaban esperando parapetados el asalto, aunque sean medio mancos de las fuerzas de defensa planetaria.

Eso sí, ya estás tardando en poner la continuación...xD ;)

Un saludo.

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